sos el individuo mas al pedo del mundo nùmero

29/12/14

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Si bien sabemos que son necesarios, que nos permiten evolucionar y crecer, los cambios nos cuestan, porque nos obligan a corrernos de lo que conocemos (la zona de confort), para tener que enfrentarnos, a lo desconocido, a lo nuevo. Y eso nos sucede no solo en las grandes decisiones, esas que pueden cambiar en verdad el rumbo por que el que venimos, sino también en lo mas chiquito. ¿No te pasa que preferís elegir todos los días el mismo camino a la facultad en vez de innovar? Es que lo conocido nos da seguridad, contención, nos brinda la sensación de que todo está en orden, cada pieza en su lugar.
Pero, al mismo tiempo, eso de quedarnos parados en la misma baldosa, días tras días, inmóviles, no nos permite disfrutar de un mundo nuevo que está a nuestro alcance. Tanto que, cuando por fin nos animamos y saltamos a la siguiente baldosa, nos preguntamos por qué no lo hicimos antes y nos damos cuenta de todo lo que nos perdimos.
Lo bueno es que siempre estamos a tiempo de cambiar, de crecer. El esfuerzo, las ganas y la decisión nos enseñan el camino. Después de todo, ¿qué nos puede pasar si las cosas no salen del todo bien?. Aceptar que nos podemos equivocar como parte del proceso (en realidad como parte de la vida) es la llave para tranquilizarnos, quitarnos la mochila de la perfección y permitirnos, como decía la canción de Jorge Drexler, remar y remar hasta llegar a ver la luz de lo nuevo, al otro lado del río.

16/12/14

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Y de repente todo vuelve a oscurecerse. Y otra vez aparecen los fantasmas, los síntomas y malestares que ya creía archivados. Las tripas que no entienden y se retuercen y contraen, me doblan, me vencen y me dejan tirada, dando el puntapié inicial a un nuevo desafío. Y así, parece, será todo… Nuevamente. Nunca nada fue fácil, ni siquiera reír o llorar. Y cuando todo aparentemente arranca y empieza a rodar, algo aparece en el medio, para decir: “Pará, ahora te toca enfrentar esto”. Y vuelta a empezar.
Además, nada es casual. Si hasta se repiten los escenarios. Las mismas calles, los mismos lugares, la misma lluvia… Desearía que todo fuera un molesto dejavu, y no una realidad reiterativa, en la que los relojes siguen corriendo. Cada día que pasa me azota más el descreimiento. Más aún. Ya ni sé si creo en mi. O, mejor dicho, si hago bien en ser lo que soy. ¿Debería ser más dura, más rígida y fria? No lo creo... Me asusta pensar en ser así. No me gusta la gente que es así. Prefiero seguir siendo lo que soy. Aunque viva equivocándome. Pertenezco a una generación bastante jodida, bastante perdida y sin rumbo. Pero zafé, bien. Soy consciente que todo podría haber sido mucho peor. Solo me basta con mirar un poco hacia mis costados para saberlo. Pero esta vez, a diferencia de otras, no me interesa realmente que piensan de mi. Ya demasiado me fui moldeando para no dañar a nadie. Ya no. Lamentablemente mi coraza se va endureciendo con el correr del tiempo, y se hace cada vez más impenetrable. Y, aunque no quiera, eso va a quedar así. Para siempre. Pese a todo esto, voy a seguir dando oportunidades a quienes creo merecedores. Voy a seguir brindándome por completo y mostrándome tal cual soy... (O sea ¿Voy a seguir equivocándome?) Como lo hice siempre. Pero ya perdí las esperanzas de que alguien pueda verlo. Siempre me consideré incomprendido, y no precisamente por ser esquivo a mostrar mi esencia. Toda mi vida escondí las cosas en los lugares más visibles, allí donde nadie se fija. Resumiendo, no más promesas para amenizar el momento.