sos el individuo mas al pedo del mundo nùmero

1/12/12

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"Poner tu corazón en las manos de otro", una hermosa metáfora de cómo el amor nos hace absolutamente vulnerables. Ahora veamos, si bien esto es cierto, también es solo una parte. 
Nos centramos en esa parte del amor que nos hace depender de otra persona, que aparentemente, nos quita autonomía y nos hace frágiles. A mí me importa un pito esa parte del amor.
 Somos frágiles y siempre estamos expuestos, aunque digamos lo contrario. Tenemos la necesidad imperiosa de relacionarnos porque forma parte de nuestra naturaleza. Y nadie sale ileso del encuentro con otro. Nadie vuelve a ser el mismo después de un choque de miradas. No hay manera de encontrar el camino de vuelta a lo que eras, esa es la parte interesante. Así que acá estamos, frágiles y efímeros tratando de encontrarnos. Si asumimos esto, podemos dejar de preocuparnos por salir lastimados. Sentir es estar vivo, y vivos estamos. Entonces viene la parte del amor que creo que debería interesarnos, la que tiene que sobrevivir porque es la base de todo, es la parte principal de la magia: la complicidad.
No es sexual, pero lo incluye. No es puro sentimiento, pero lo incluye. No es social, pero lo incluye. No tiene que ver con modas, con sexos, ni horóscopos ni gustos musicales.
 Ser cómplices es difícil pero totalmente inigualable. Esa sensación íntima de compartir algo que es ajeno para el resto del mundo, pero indispensable para los dos. Una cama tendida a medias; un secreto; un millón de crímenes que nunca vamos a realizar, pero que planeamos en detalle. Nada como un cómplice que te haga hervir la sangre. Un cómplice, no un compañero. Yo quiero uno que lo planifique y ejecute conmigo, no que me acompañe. Ser cómplice es el amor, porque el amor es un delito y de este delito somos dos partes. Tal vez yo no sepa mucho del amor, pero no me conformo con compañía, ni compañero ni acompañantes. Tal vez yo no sepa mucho del amor, pero necesito un cómplice nuevo, porque tengo muchos crímenes por delante.

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