sos el individuo mas al pedo del mundo nùmero

22/4/10

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Se quedaba dormida. Se quedaba dormida en la cápsula, en la cúspide, en la cúpula y en la cópula. Se quedaba dormida en los viajes de corta y larga distancia. En el taxi, en la disco, en la espera del dentista, en los finales de las películas, en las clases de natación, en los juegos al aire libre y en las citas nocturnas.
Dormía veinticinco horas al día, nueve días a la semana, siete semanas al mes, trece meses al año y más. Dormía... interrumpiendo el sueño ocasionalmente para comer o ducharse, para mirarse en el espejo las marcas que la almohada le dejaba en la cara y para desenroscarse los huesos de debajo de las frazadas.
Luego volvía a acostarse, a acurrucarse sobre su nube de plumas. Y si la llamaban por teléfono estaba durmiendo, si la pasaban a buscar para salir a cenar estaba haciendo la siesta y si la invitaban a tomar el té todavía no se había despertado.
Sentía fascinación por las vías del tren y sólo comprendió por qué cuando supo que se llamaban durmientes. Coleccionaba sueños de países imaginarios, de hombres inexistentes y de realidades ilusas que clasificaba en las páginas de un cuaderno que dejaba en la mesita de luz.
Se dormía con música, con ruido, con luz, con lluvia cayéndole sobre la cara o con los insectos del jardín libándole en los oídos. Se dormía incluso de pie, en la fila esperando el colectivo, sentada en las banquetas de los bares y acostada en la camilla de los consultorios médicos.
Era bella y era durmiente, por eso cuando se enamoró a la hora de la siesta de un soñador que encontró en un descanso inesperado, se fueron los dos volando al planeta de los sueños, fundidos en un abrazo y viajando en sábanas de luz, a dormir el sueño de los que viven soñando.

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